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EL MESÍAS EN ROMA:
ANUNCIO Y CONSTRUCCIÓN DE LA HUMANIDAD NUEVA


El tiempo de la realización de las profecías dadas al mundo.

Un texto modelo para descifrar la construcción de la Humanidad Nueva

El futuro profético de la humanidad se hará tal como demanda Lucas 5,1-11, y todas las Escrituras deben ser entendidas en el orden que da a conocer el simbolismo de este texto. El lenguaje oscuro, simbólico de este texto, son velos que esconde el futuro, pero se puede quitar a través de la lectura y la interpretación.

Conocer el futuro glorioso del ser humano es posible si se contara un secreto guardado para ser descifrado y llevarlo a su cumplimiento. En mi interpretación a partir de este texto modelo, si es correcta, podemos ver de antemano los sucesos finales de la historia.

Cada uno de los eventos y el orden de los acontecimientos de ese texto modelo, tendrá 
sus propios inicios y fines y de duración corta, ya que todos sucederán dentro de una sola generación (Marcos 13,30). De todos los sucesos en ese período final de la historia, podemos dividir en tres etapas principales antes de entrar a la historia de paz y seguridad eterna.

Pido a ustedes que acepten este plan que he creado sobre la construcción de la Humanidad Nueva a la luz de las Escrituras. Es mi propuesta para que se lleve a cabo, pero son ustedes quienes disponen.


Primera etapa: El camino hacia la inauguración mesiánica

"Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret"
(Lucas 5,1).

Esta larga y vieja historia terrenal se acaba llegando al límite "orilla del lago" para abrir el tiempo del fin, el tiempo del cumplimiento de las Escrituras que se iniciará cuando la multitud del pueblo se ponga en marcha por las calles del mundo, y hacer surgir a uno de los suyos, el profeta que tenía que venir, porque éste hablará en su nombre y se pondrá por delante como conductor y líder universal de esa Marcha-Éxodo hacia la libertad definitiva 
(Éxodo 14,15-16; Deuteronomio 18,18-19).

Con él se abrirá la era del profetismo, o premesiánica, para despejar todos aquellos que tienen predisposición a la agresión y dominación que aún existe. El pueblo que busca libertad bajo su liderazgo tendrá que limpiar los últimos obstáculos que encuentren en el camino como gobiernos hostiles, conflictos bélicos, colonialismo, etc. (Mateo 3,2-3).

El liderazgo del profeta en la Marcha, a la corta o a la larga, acabará triunfando, pero esa misión será demasiado pesada para él solo. Necesitará en todas las ciudades del mundo líderes efectivos que lo ayude a cumplir su tarea (Deuteronomio 1,9-18).

La era profética del tiempo del fin lo tendrá la multitud del pueblo que debe comenzar a buscar sacerdotes y obispos para pedirles que salgan de sus lugares de culto a la calle para defender la justicia y el derecho. Que antepongan la misión humanitaria a la misión religiosa para caminar con el pueblo exigiendo a sus respectivos gobiernos el fin de la tiranía mundial. Con el Grito de la ciudadanía que busca el triunfo humano y el sonido de la trompeta de los sacerdotes se derrumbarán todos los muros (Josué 6,1-27).

En esa marcha procesional, o peregrinación final, el pueblo tendrá a él y los líderes humanitarios, civiles y religiosos, hasta que todo desprecio a los derechos humanos sea erradicado de la faz de la tierra (Lucas 3,9). El pueblo será finalmente exaltado por su victoria (Éxodo 15,1-18).

La multitud del pueblo que se agrupa en torno al profeta en la Marcha, no solo para limpiar de la tierra del odio y la hostilidad, sino que también tendrá esa decisión soberana de escogerlo para administrar y gobernar por encima de todos los gobiernos de las naciones. Exigir a sus respectivas autoridades nacionales a reconocer y aceptar al profeta como su futura autoridad suprema, a quien hay que escucharle y obedecer
(Lucas 5,1).

Tras superar el autoritarismo y la violencia, habrá alegría y júbilo por la victoria mundial del pueblo soberano que tendrá en toda la tierra a sus gobiernos elegidos por votación y en paz, entonces debe haber direccionalidad global. Todos los gobiernos tendrán que reunirse en un mismo lugar para reconocer oficialmente a aquél como su autoridad suprema o cabeza universal. Ponerle a él a cargo de todas las naciones, "Rey de las naciones"
(Jeremías 10,7).

Nacerá así el nuevo cargo de carácter universal, instrumento eficaz de liderazgo en favor de la humanidad del pueblo, que son las Naciones Unidas. Un título mesiánico delegado por todos los gobiernos de la tierra. En ese entonces, él será exaltado como autoridad soberana y universal, es decir, como Mesías legal para gobernar sobre las naciones (Salmos 72,11.17; Mateo 28,18).


Segunda etapa: De la inauguración mesiánica hacia la entronización universal

"En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que era la de Simón..." (Lucas 5,2-3a)

Con esta ceremonia de su investidura se inaugura la era mesiánica. Lo primero que hará él como máximo representante de la soberanía que reside en el pueblo será emprender el viaje hacia la Ciudad del Vaticano, en busca de un lugar donde gobernar y un trono donde sentarse. Entrar en ese lugar sagrado será su objetivo o meta para constituirla en centro de su actividad mesiánica. Será su decisión como Mesías del pueblo escoger a la Iglesia para una nueva misión.

El Mesías como máxima autoridad de las naciones comenzará a buscar a los que serán sus colaboradores para formar un gobierno universal con él. Lo hará fijándose en el Papa, quien es Pedro, y los obispos que se encuentran esparcidos por todo el planeta, ya que estos son los que se han preparados para convertirse en los doce cimientos de la futura Humanidad Nueva que él va a a construir con ellos. Tendrá su derecho de elegir a quienes él quiera, y ellos vendrán a él (Marcos 3,13). 

Cuando el Mesías se prepare para subir a la Sede de la Iglesia, esta como institución católica tiene que estar completamente desmantelada de las tradiciones y los rituales: la misa, los sacramentos, sacramentales, las fiestas, objetos, ritos, rezos, normas, y todos los demás, que fueron convincentes tiempo atrás, pero ya no es más. Los sacerdotes no solo están a cargo de armar el templo si iban a acampar, sino que están también para desarmarlo si tienen que marchar con él (Números 10,16-18; 2 Corintios 5,1).

Los jerarcas de la Iglesia serán exigidos renunciar a esas cosas externas de la religión, sin contenidos interiores de justicia. Librarse de las tradiciones milenarias para entregarse completamente al Mesías como su Autoridad Suprema, o Señor (Lucas 14,25-33).


"y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca" (Lucas 5,3b).

Entonces, el Papa entregará la Barca de la Iglesia completamente vacía de ritos romanos a aquél que quiere subir en ella y ponerse al frente para trasladarla de la orilla de este mundo al puerto del más allá, o la orilla de la eternidad. Un período completo en donde se enfocará una sucesión de eventos hasta que toda la humanidad pueda vivir en la abundancia. En ese nuevo viaje hacia la eternidad, será el tránsito de la Iglesia ritual ya suprimida hacia la Iglesia inclusiva e igualitaria.

Lo primero que hará el Mesías al ser recibido por todos los obispos en comunión con el Papa, despojados de todos los lazos rituales, será un encuentro universal con ellos sobre su proyecto de la Nueva Creación.

Al término de ese encuentro, el Papa se bajará del trono y elevarlo al Mesías en su lugar, quien tomará posesión del trono y los títulos de Pastor Universal,"se sentó".  El Mesías ya como máxima autoridad de las naciones y ahora sentado en su trono como Pastor supremo. Los títulos universales se completan por conquista como rey y sacerdote, propio del Papado conservado en misterio: "Pastor Universal", Sumo Pontífice", Gobernador del mundo", Padre de los reyes" (Génesis 14,18; Hebreos 7,1-2). 

El Mesías lo tendrá al Obispo de Roma como su segundo o vicario, su principal funcionario sacerdotal, compartiendo su mismo destino (Marcos 8,33). Este volverá a su diócesis, la catedral de San Juan de Letrán, pero seguirá siendo el primado de los Obispos (1 Samuel 10,1.24-26; 16,12-13). 

Será la solemne ceremonia de su investidura en ese día de su entronización mesiánica. En el acto encarnará su misión y su autoridad universal, el jefe de la futura Humanidad Nueva. El Mesías, en esa ceremonia se convierte en el nuevo soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, que se transforma en un estado laico, como todos los estados de las naciones (Deuteronomio 17,14; 1Samuel 8,4-5).
Después de su entronización será la instrucción al pueblo sobre el proyecto de la Nueva Creación que él va a realizar con la colaboración de todos.


"Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar." Simón respondió: "Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes." Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían" (Lucas 5,4-6).

La Barca de la Iglesia ya vacía de la vida religiosa cristiana, pero sus ocupantes sacerdotales con el Mesías como su nuevo Pastor Universal, estarán comprometidos en hacer obra mucho más grandiosa, preparándose para recibir a los nuevos visitantes que conforman a la humanidad libre y democrática, que necesita un fundamento en qué apoyarse (Mateo 16,18). Ahora será el mundo gentil con el cual se volverá a llenarse de nuevo. Este será el rol muy importante que desempeñará la Iglesia bajo el Gobierno mesiánico. 

Todas las naciones de la tierra estarán regidas por leyes internacionales, administradas por la Organización de las Naciones Unidas para ser reunidas ante el Mesías sentado en su trono. El Mesías con la ayuda de su asistente, el Obispo de Roma, dejará entrar en la Iglesia a todos los Organismos Internacionales que haya en la tierra, pero separará al mundo en dos, los que cumplen y los que no cumplen los mandatos universales de las Naciones Unidas (Mateo 25,31-46).

Los que cumplen satisfactoriamente sus respectivas normas internacionales entrarán, es decir, los que han puesto fin a la censura, la delincuencia, la discriminación, el hambre, la pobreza, las armas nucleares, etc... Todos los que han vencido se incorporarán para ser entronizados con él. Serán los miembros del Cuerpo social unidos a su cabeza: un solo Mesías, el Hombre Nuevo.


Tercera etapa: De la entronización universal hacia la historia eterna

"Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían.  Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: "Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador." Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón."  (Lucas 5,7-10a).

La Iglesia se volverá a llenar de nuevo con ese mundo que guardan los preceptos de las NN.UU, los de arriba, de lo alto, de los obedientes. Y los demás que aún no guardan se quedarán afuera (Juan 8,23), pero se le invita a estos que se esfuercen a hacer lo mismo para poder entrar en el mismo redil "ve, y haz tú lo mismo" (Lucas 10,37). Todas las naciones deben terminar elevándose hasta que ese mundo de abajo no exista.  

Cuando el Mesías hace entrar en la Barca de la Iglesia a todas las instituciones globales con todo aquellos que cumplen y los demás por cumplir, será una tarea muy grande para el Obispo de Roma y el conjunto de los obispos. Estos tendrán que pedir ayuda a los líderes de las demás religiones  cristianas y no cristianas "la otra barca", con las cuales tiene relaciones ecuménicas e interreligiosas para realizar entre todos esa misma tarea pastoral.

Las religiones al verse desaparecer los ritos y símbolos religiosos por el impacto que causen los sucesos últimos de la historia y al Mesías que todos estaban esperando desde los tiempos primitivos su llegada para escucharle, obedecerle y seguirle a donde él vaya.



"Jesús dijo a Simón: 'No temas; en adelante serás pescador de hombres.' En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús" (Lucas 5,10b-11).

Líderes de todos los credos que pasen por una experiencia como pastores humanitarios le ayudará a formarse parte del Cuerpo Episcopal en comunión con el Obispo de Roma que gobiernan con el Mesías a las naciones. Si en el mundo no hay más que un solo pueblo soberano, entonces no puede haber más que una sola institucionalidad pastoral a su servicio
.

Con la entrada de todas las naciones elevadas en la Iglesia que se transforma en el Templo Humano, terminará sustituyendo a los viejos templos o edificios de piedras y maderas de las religiones del mundo "sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús". Los líderes religiosos se incorporarán como nuev@s pastoras y pastores (igualdad de mujeres y hombres) en el Gobierno del Mesías.

Todas las religiones cristianas y no cristianas se unirán cumpliendo su misión final como embarcaciones, un medio para trasladar a toda la humanidad hacia la orilla de la eternidad. Al llegar allí, serán sacadas completamente del mar, inutilizadas para no volverse a tomarlas, como las barcas arrimadas a tierra, y sus líderes clericales formarán parte de la institución episcopal que tenga como cabeza al Obispo de Roma para gobernar con él Mesías a las Naciones Unidas (Mateo 19.27-28). Crear un Gobierno Universal, que represente a la gente y sus demandas, y ante todo, dedicarse a tareas de justicia (Malaquías 3,3-5; Salmos 103,6; Mateo 6,33).

El Mesías designará al nuevo y único Episcopado en la tierra para sentarse con él para gobernar a todas las naciones. Este nuevo régimen pastoral deberá someterse a las normas jurídicas como establecen los tratados internacionales de los derechos humanos, la "justicia mayor" (Mateo 5,20).


No habrá más que una sola religión pura, donde todas las naciones tendrán una sola institucionalidad pastoral al servicio del bien común de los pueblos.
La Ciudad del Vaticano será establecido como el Estado Capital del mundo bajo la soberanía de las Naciones Unidas. Y los Estados nacionales con sus gobiernos democráticos como provincias. Su deber será gobernar para todas y todos los seres humanos que hay en la tierra.

La Iglesia del Mesías que busca extender a toda la tierra llegará a su fin, cuando todas las naciones estén elevadas y que no existan nada del mundo de abajo. Todos los países tendrán cumplidas hasta la última letra de los mandatos universales de las Naciones Unidas. Las aspiraciones humanas que ansían justicia se verán colmadas. En la tierra no habrá más que esa Ley de la humanidad del pueblo que se guarda cabalmente por todas las naciones.


La historia eterna

Tras ese período de transición de la historia se comenzará la historia de la Iglesia del Mesías en paz y seguridad eterna.
Con los dos elementos universales: las Naciones Unidas y el Episcopado renovado, el pueblo y sus pastor@s, será la única Iglesia como Templo Humano en toda la tierra bajo una sola cabeza, el Mesías.

La historia eterna como ser humano entronizado, donde nadie en la tierra estará pasando hambre, ni pobreza extrema, ni abusos de poder. Ni países tengan ejércitos entrenados para la guerra... Un único Hombre en toda la tierra sentado en el trono con aquél a la cabeza en la Ciudad del Vaticano (Hebreos 4,14).

Se habrá alcanzado a todos los países que respeten los derechos humanos, como también los derechos de nuestros cohabitantes en la tierra. El largo caminar habrá terminado cuando el Gobierno Mesiánico tenga a toda la sociedad instaurada como justa y solidaria y que todos los problemas mundiales estén bajo control. Solo la justicia estará reinando en toda la tierra.

Si esta interpretación es correcta, podemos decir que son profecías del tiempo del fin que transformará definitivamente esta vieja cultura de la confrontación en la paz duradera.
  
 





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