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MIS PROFECÍAS SOBRE EL FIN DE LOS TIEMPOS


El tiempo de la realización de las profecías dadas al mundo.

El fin de los tiempos comenzará cuando la multitud del pueblo se ponga en marcha por las calles del mundo enfocando como meta final la Ciudad del Vaticano y del trono petrino para establecer triunfalmente lo más sagrado que es la dignidad de la persona humana. El objetivo último del ser humano que ha marchado a lo largo de toda la historia será la subida hacia su entronización tras la victoria definitiva sobre el odio y la hostilidad.

Para llegar a ese lugar sagrado, primero tendrán que hacer surgir a uno de los suyos, uno del pueblo, el profeta que tenía que venir, porque éste hablará en su nombre y se pondrá por delante como conductor y líder universal de esa Marcha-Éxodo hacia su trono de gloria.

Con él se abrirá la era del profetismo para despejar todos aquellos que tienen predisposición a la agresión y dominación que aún existe. El pueblo que busca libertad bajo su liderazgo tendrá que limpiar los últimos obstáculos que encuentren en el camino como gobiernos hostiles, conflictos bélicos... para que después él pueda subir de manera triunfal a ese lugar definitivo.

El liderazgo del profeta en la Marcha, a la corta o a la larga, acabará triunfando, pero esa misión será demasiado pesada para él solo. Necesitará en todas las ciudades del mundo líderes efectivos que lo ayude a cumplir su tarea.

La era profética del tiempo del fin lo tendrá la multitud del pueblo que debe comenzar a buscar sacerdotes y obispos para pedirles que salgan de sus lugares de culto a la calle para defender la justicia y el derecho. Que antepongan la misión humanitaria a la misión religiosa para caminar con el pueblo exigiendo a sus respectivos gobiernos el fin de la tiranía mundial. Fin a esta vieja cultura de la confrontación para alcanzar la paz duradera.

En esa marcha procesional, o peregrinación final, el pueblo tendrá a él y los líderes humanitarios, civiles y religiosos, en ese camino hasta que todo desprecio a los derechos humanos sea erradicado de la faz de la tierra. El pueblo será finalmente exaltado por su victoria.

La multitud del pueblo que se agrupa en torno al profeta en la Marcha, no solo para derribar a todos sus enemigos hostiles, sino que también tendrá esa decisión soberana de escogerlo para administrar y gobernar por encima de todos los gobiernos de las naciones. Exigir a sus respectivas autoridades nacionales a reconocer y aceptar al profeta como su futura autoridad suprema, a quien hay que escucharle y obedecer.

Tras superar el autoritarismo y la violencia, habrá alegría y júbilo por la victoria mundial del pueblo soberano que tendrá en toda la tierra  a sus gobiernos elegidos por votación y en paz, entonces debe haber direccionalidad global. Todos los gobiernos tendrán que reunirse en un mismo lugar para reconocer oficialmente a aquél como su autoridad suprema o cabeza universal. Ponerle a él a cargo de todas las naciones.

Nacerá así el nuevo cargo de carácter universal, instrumento eficaz del pastoreo para el cuidado que él mismo deberá asumir en favor de la humanidad del pueblo, que son las Naciones Unidas. Un título mesiánico delegado por todos los gobiernos de la tierra. En ese entonces, él será exaltado como autoridad soberana y universal, es decir, como Mesías legal para gobernar sobre las naciones. Con esta ceremonia de su investidura se inaugura la era mesiánica.

Lo primero que hará él como máximo representante de la soberanía que reside en el pueblo será emprender el viaje hacia la Ciudad del Vaticano, en busca de un lugar donde gobernar y un trono donde sentarse. Entrar en ese lugar sagrado será su objetivo o meta para constituirla en centro de su actividad mesiánica. Será su decisión como Mesías escoger a la Iglesia para una nueva misión.

El Mesías como máxima autoridad de las naciones comenzará a buscar a los que serán sus colaboradores para formar un gobierno universal con él. Lo hará fijándose en el Papa y los obispos que se encuentran esparcidos por todo el planeta. Tendrá su derecho de elegir a quienes él quiera, y ellos vendrán a él.

Cuando el Mesías se prepare para subir a la Sede de la Iglesia, será hora de desmantelar por completo la institución católica: la misa, los sacramentos, sacramentales, las fiestas, objetos, ritos, rezos, normas, y todos los demás, que fueron convincentes tiempo atrás, pero ya no es más. La exigencia del Mesías a los jerarcas de la Iglesia será renunciar a esas cosas externas de la religión, sin contenidos interiores de justicia. Librarse de las tradiciones milenarias para entregarse completamente a él como su Autoridad Suprema, o Señor.

Entonces, el Papa entregará la Barca de la Iglesia a aquél que quiere subir en ella y ponerse al frente para trasladarla de la orilla de este mundo al puerto del más allá, o la orilla de la eternidad. Un período completo en donde se enfocará una sucesión de eventos hasta que toda la humanidad pueda vivir en la abundancia. En ese nuevo viaje hacia la eternidad, será el tránsito de la Iglesia ritual ya suprimida hacia la Iglesia inclusiva e igualitaria.

Lo primero que hará el Mesías al ser recibido por todos los obispos en comunión con el Papa, completamente despojados de todos los lazos rituales, será un lugar privado para prepararlos a gobernar con él a las Naciones Unidas. Crear un Gobierno Universal que represente a la gente y sus demandas, y ante todo, dedicarse a tareas de justicia.

Al término de ese encuentro universal, el Papa se bajará del trono y elevarlo al Mesías en su lugar, quien tomará posesión del trono y los títulos de Pastor Universal. Entonces, el Obispo de Roma volverá a su diócesis, la catedral de San Juan de Letrán, pero seguirá siendo el primado de los Obispos. El Mesías ahora sentado en su trono lo pondrá al Obispo de Roma como su segundo o vicario, su principal funcionario sacerdotal, compartiendo su mismo destino.

Será la solemne ceremonia de su investidura en ese día de su entronización. En el acto encarnará su misión y su autoridad universal, el jefe de la futura Humanidad Nueva. El Mesías, en esa ceremonia se convierte en el nuevo soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, transformando en un estado laico, como todos los estados de las naciones. Su deber será gobernar para todas y todos los seres humanos que hay en la tierra.

El Mesías designará al renovado conjunto de obispos en comunión con el Obispo de Roma. Estos se sentarán con él para gobernar a todas las naciones. El nuevo régimen pastoral deberá someterse a las normas jurídicas como establecen los tratados internacionales de los derechos humanos. La Ciudad del Vaticano será establecido como el Estado Capital del mundo bajo la soberanía de las Naciones Unidas. Y los Estados nacionales con sus gobiernos democráticos como provincias.

La Barca de la Iglesia ya vacía de la vida religiosa cristiana, pero sus ocupantes sacerdotales con el Mesías como su nuevo Pastor Universal, estarán comprometidos en hacer obra mucho más grandiosa, preparándose para recibir a los nuevos visitantes que conforman a la humanidad libre y democrática, que necesita un fundamento en qué apoyarse. Ahora será el mundo gentil con el cual se volverá a llenarse de nuevo. Este será el rol muy importante que desempeñará la Iglesia bajo el Gobierno mesiánico. 

Todas las naciones de la tierra estarán regidas por leyes internacionales, administradas por la Organización de las Naciones Unidas para ser reunidas ante el Mesías sentado en su trono. El Mesías con la ayuda de su asistente, el Obispo de Roma, dejará entrar en la Iglesia a todos los Organismos Internacionales que haya en la tierra, pero separará al mundo en dos, los que cumplen y los que no cumplen los mandatos universales de las Naciones Unidas.

Los que cumplen satisfactoriamente sus respectivas normas internacionales entrarán, es decir, los que han puesto fin a la censura, la delincuencia, la discriminación, el hambre, la pobreza, las armas nucleares, etc... Todos los que han vencido se incorporarán para ser entronizados con él. Serán los miembros del Cuerpo social unidos a su cabeza: un solo Mesías, el Hombre Nuevo.

La Iglesia vacía de ritos romanos se volverá a llenar de nuevo con ese mundo de arriba, de lo alto, de los obedientes. Y los demás que aún no guardan los preceptos de las NN.UU. se quedarán afuera, pero se le invita a estos que se esfuercen a hacer lo mismo para entrar en el mismo redil, que es la sociedad justa y solidaria. Todas las naciones deben terminar elevándose hasta que ese mundo de abajo no exista.  

Cuando el Mesías hace entrar en la Barca de la Iglesia a todas las instituciones globales con todo aquellos que cumplen y los demás por cumplir, será una tarea muy grande para el Obispo de Roma y l@s obisp@s. Estos tendrán que pedir ayuda a los líderes de las demás religiones  cristianas y no cristianas, con las cuales tiene relaciones ecuménicas e interreligiosas para realizar entre todos esa misma tarea pastoral.

Las religiones al verse desaparecer los ritos y símbolos religiosos por el impacto que causen los sucesos últimos de la historia y al Mesías que todos estaban esperando desde los tiempos primitivos su llegada para escucharle, obedecerle y seguirle a donde él vaya.


Líderes de todos los credos que pasen por una experiencia como pastores humanitarios le ayudará a formarse parte del Cuerpo Episcopal en comunión con el Obispo de Roma que gobiernan con el Mesías a las naciones. Si en el mundo no hay más que un solo pueblo soberano, entonces no puede haber más que una sola institucionalidad pastoral a su servicio
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Con la entrada de todas las naciones elevadas en la Iglesia que se transforma, terminará sustituyendo a los viejos templos o edificios de piedras y maderas de las religiones del mundo, y sus líderes se incorporarán como nuev@s pastor@s en el Gobierno del Mesías. No habrá más que una sola religión pura, donde todas las naciones tendrán una sola institucionalidad pastoral al servicio del bien común de los pueblos. Esta será la única Iglesia en toda la tierra bajo una sola cabeza, el Mesías.

La Iglesia del Mesías que busca extender a toda la tierra llegará a su fin, cuando todas las naciones estén elevadas y que no existan nada del mundo de abajo. Todos los países tendrán cumplidas hasta la última letra de los mandatos universales de las Naciones Unidas. Las aspiraciones humanas que ansían justicia se verán colmadas. En la tierra no habrá más que esa Ley de la humanidad del pueblo que se guarda cabalmente por todas las naciones.

Tras ese período final de la historia se comenzará la historia de paz y seguridad eterna. La historia eterna como ser humano entronizado, donde nadie en la tierra estará pasando hambre, ni pobreza extrema, ni abusos de poder. Ni países tengan ejércitos entrenados para la guerra... Un único Hombre en toda la tierra sentado en el trono con aquél a la cabeza en la Ciudad del Vaticano.

Se habrá alcanzado a todos los países que respeten los derechos humanos, como también los derechos de nuestros cohabitantes en la tierra. El largo caminar habrá terminado cuando el Gobierno Mesiánico tenga a toda la sociedad instaurada como justa y solidaria y que todos los problemas mundiales estén bajo control. Solo la justicia estará reinando en toda la tierra.

Estas son mis profecías acerca de lo que va a suceder en ese tiempo del fin que transformará esta vieja cultura de la confrontación a la paz duradera.
  
 





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