1 Mis Profecías
2 Marcha Mundial: ¡Todo el poder al servicio del   pueblo!
3 Sacerdotes al frente de la Marcha
4 Se irrumpe el Mesías del pueblo
5 El viaje del Mesías a Vaticano
6 Toma posesión de la silla papal
7 Construye la Humanidad Nueva
8 La Humanidad Nueva y las religiones
9 La historia eterna

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2. MARCHA MUNDIAL: ¡TODO EL PODER AL SERVICIO DEL PUEBLO!


Todo el poder, político, económico, financiero y también religioso, se ponga definitivamente al servicio del pueblo. Es tiempo que hay que tomar el control de la historia, destronando a todos los tiranos ebrios del poder y destrucción que aún quedan en muchos países. El pueblo, el conjunto de los ciudadanos, tiene que demostrar que es el único soberano, y sea capaz de hacer caer gobiernos irresponsables y corruptos.

Despierten, pueblos olvidados, postergados, marginados a luchar por ese objetivo que será destronar a los tiranos del mundo. Que se conviertan en nuevos protagonistas, los nuevos señores, para construir el mundo que quiere. En esa nueva Marcha Mundial será para exigir cambios de dominio al servicio en todos los poderes que existen en la tierra. Que estos comiencen a servir solo al pueblo soberano, su único monarca, el que debe estar por encima de todo y de todos.

No más políticos ni religiosos que obliguen al pueblo a actuar o pensar como ellos, ni permitir más opiniones intolerantes para hacer daño a otros que simplemente buscan una salida para una vida mejor. Todo el pueblo tiene que enfrentar a esa clase de dirigentes que caminan en contra del sentido y la razón, insensibles y falta de humanidad. No obedecer más a sus leyes injustas. Si estos dirigentes no tienen tiempo de leer las normas internacionales y pertenecen a otra época deben dimitir.

Los dueños del mundo son los ciudadanos, no los dirigentes. Los dirigentes no deben ser para sí, sino dirigentes para los demás. Los malos dirigentes son los que no respetan los derechos del pueblo deben renunciar ante de la edificación de ese mundo justo y solidario: Si quieren respetarse deben respetar a los demás. El respeto al derecho ajeno es la paz.

La paciencia de la gente se acaba y tiene prisa para construir una sociedad con grandes aspiraciones democráticas. Es hora de actuar, que haya una gran movilización, la más mayoritaria de todas en contra de las leyes que aplastan al pueblo. Ni un paso atrás en la defensa de la libertad.

Es hora de salir a las calles, plazas y parques de las ciudades del mundo para cambiar todas las leyes en favor de la dignidad humana en sus respectivos países. Que se logren leyes justas para todos ahora, para que las generaciones venideras se dediquen a hacer lo que le gusta con su profesión, con su vida en paz y no más en la calle. A no volver al pasado nunca más.

No son los gobiernos ni líderes religiosos sino el pueblo quien decide el destino de la humanidad porque conoce el olfato de la calle. Son estos como muchedumbres de todas las naciones quienes deben emprender ese rumbo nuevo en su lucha final por el derecho y la justicia. Los poderes del mundo no tienen nada más que hacer y será el pueblo el nuevo protagonista que tienen que salir para transformar todos los poderes del mundo del dominio al servicio.

Yo propongo una nueva Marcha Mundial que lleve este lema "¡Todo el poder al servicio del pueblo!". Una Marcha que cambiará el rumbo de la historia porque será la lucha final entre los que respetan y los que desprecian a los derechos humanos y la justicia. Los pueblos son llamados a unirse para exigir a sus respectivos gobiernos el fin de toda opresión e injusticia que hay en la tierra. Un solo Grito hasta que el mundo tiránico sea definitivamente derrotado. 

Se acabó esta larga historia que los dueños han sido los grandes y poderosos que pusieron a sus pies al pueblo. En la Marcha Mundial, todo tiene que cambiar, debe ser al revés, que sea el pueblo dueño de ellos, que estos sean de su posesión. Todo el poder tiene que ponerse al servicio del pueblo, el único Soberano que rechaza todo tipo de opresiones.

La democracia es el único sistema político fundado en la soberanía del pueblo. Luchar para que la otra mitad de los países derroquen a sus gobiernos tiranos y pongan en su lugar gobiernos democráticos y con una constitución política que persiga el bien común de los ciudadanos. Todos los gobiernos deben representar los intereses de la sociedad, no los suyos propios, ni los de algunos grupos particulares. 

El pueblo como soberano, no solo necesita autoridades civiles, sino que también autoridades religiosas, se pongan también estos a su servicio. En los últimos tiempos, grupos laicistas, feministas y gais están hartos de sentirse heridos, despreciados y odiados por obispos y sacerdotes y han pedido a los papas mayor apertura. Estos demuestran que la gente quiere autoridades pastorales, pero menos crueles e inhumanos.

El clero, también forma parte de la élite que domina a los demás, ostenta títulos como "monseñor", que significa "mi señor", espera que le sirva y le haga reverencia. Esta no es la clase del clero que el pueblo quiere. Lo mismo podemos decir de los guías espirituales falsos, charlatanes y seudociencias que deciden la vida privada de la gente. Toda ignorancia que es dominación tiene que terminar.

Los líderes religiosos tienen que abandonar el uso del poder para dominar y defender privilegios, para ponerse al servicio, ante todos, a los últimos de la sociedad, que son los pobres, los débiles y los que sufren. Los pueblos están pasando dificultades y sufrimientos debido al rechazo de los dirigentes que le siguen quitando la paz.

No puede haber en la tierra liderazgo, poder y autoridad que no se sometan al señorío del pueblo. El pueblo tiene todo el derecho a exigir a toda la clase clerical entrar por las sendas de justicia, una experiencia mucho más enriquecedora que la vieja dirigencia. Es hora que los que ejerzan el sacerdocio se preocupen por el bien de todos los ciudadanos, y que no hayan excluidos en la tierra.

Es el momento para decirle basta de dirigentes hipócritas y retrógrados que se dedican a juzgar y castigar sin piedad a la gente del pueblo. Todos los dirigentes que pertenecen a otra época deben convertirse o dimitir. Luchar para que nadie del poder, tanto del mundo político como religioso pueda estar por encima del pueblo. Nadie, absolutamente nadie. Las calles serán las protagonistas para alcanzar la realización plena del ser humano, al dejar sometido completamente al poder en toda la tierra. Será su triunfo definitivo.

Que marchen para que las órdenes no vengan nunca más de arriba sino desde abajo que es del pueblo. El pueblo manda, toda autoridad tiene que obedecer. Luchar para que ningún poder político y religioso sea legítimo si no es otorgado por el pueblo. Los dueños del mundo son los ciudadanos, no los dirigentes. Los dirigentes no deben ser para sí, sino dirigentes para los demás.

El futuro será la plenitud que conlleva la transformación histórica del pueblo soberano victorioso, que debe someter completamente a todos los poderes institucionales. El poder que no se convierte al servicio no podrá entrar a esa otra vida que significa la realización plena del ser humano. En la otra vida será la gloria del pueblo soberano, cuando el poder deja de ser un dominio para comenzar a construir juntos una sociedad nueva y derrotar al gran adversario: la desigualdad. Solo como humanidad unida con el poder que obedece y el pueblo que manda podrá vencerlo.

Esta larga historia de los grandes y poderosos que son los señores tiene que llegar a su fin, porque el nuevo señor será el pueblo, el conjunto de los ciudadanos, el nuevo protagonista que tendrá que salir a las calles del mundo, porque por delante está su objetivo final que será poner fin a esta vieja cultura de la confrontación en la paz duradera. Esta será la meta que todos los ciudadanos y sus servidores tienen la responsabilidad de comprometerse para lograrlo.

Para esta generación de la democracia está primero la dignidad, la tolerancia y la igualdad, y todas las autoridades, tanto civiles como religiosas, tienen que ponerse al servicio de la ciudadanía. Como dice el Papa Francisco: "el verdadero poder es el servicio". Estar en el poder no es para tratar despóticamente y abusar de los demás. Nadie que esté en el poder debe ser arrogante u orgulloso sino humilde. El poder está hecho para servir y no para dominar al otro. Gobernar es servir.

La realización de mi proyecto sobre la construcción de la Humanidad Nueva trazado en este libro será con la intervención decisiva del pueblo mandante en la historia humana. A que el pueblo se ponga en marcha para clamar por más libertad, justicia y dignidad en todo el mundo. Exigir a sus dirigentes que escuchen la voz de los ciudadanos –sus deseos, preferencias e inquietudes– y se espera que tengan resultados inmediatos. 
 





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